Hay que vivirlo

CÓMO HEMOS CAMBIADO
 
Que veinte años no es nada, cantaba  Carlos Gardel, y pensamos que estaba equivocado. Puede que el mundo siga siendo el mismo, pero el modo en que vivimos no tiene nada que ver con el de antes. Y esto no ha hecho más que empezar, así que antes de que todo se vuelva a dar la vuelta veamos algunas ideas que lo han puesto todo boca abajo.
 
 
Eso de tener ya no existe
 
Bueno, digamos que existe, pero de otro modo. La acumulación de libros, discos y películas se ha convertido en algo tan antiguo como un teléfono con cable. Ya no tenemos, ahora usamos. ITunes derrotó a los CDs y ahora la batalla la está ganando Spotify: no compres nada, confórmate con todo. Cualquier película en tu mando; cualquier libro en tu dispositivo y cualquier coche en la acera de enfrente de tu casa. Las grandes compañías de coches invierten en las plataformas de carsharing, y es que eso de comprar un coche ya no es tan interesante si sales a la calle y encuentras varios que puedes usar. Uno de los artistas más influyentes es alguien a quien jamás podrás comprarle un cuadro: Banksy, retratando el mundo en los muros que encuentra. Puedes vivir en casas de medio mundo sin meterte en una hipoteca, puedes ver el último estreno sin salir del salón, puedes trabajar en una empresa sin pisar la oficina, puedes tener toda la información sobre tu negocio en cualquier ordenador, puedes ir a todas las tiendas sin cruzar una puerta, puedes conseguir un millón de amigos sin salir de tu casa: es más, puedes conseguir que un millón de personas llegue a conocerte sin llegar a saber ni uno solo de sus nombres.… lo físico se entiende de otra forma, lo de tener se desvanece: ya no deseamos tenerlo todo, porque ya lo tenemos.
 
 
El tiempo es relativo, más que nunca

Según asegura Eduardo Sicilia en The Future of Innovation, para llegar a una audiencia de 50 millones la radio necesitaba 38 años, la televisión 13; Facebook lo consigue en dos años. El tiempo ya no es lo que era. Puedes llegar a miles de hogares en lo que tardas en subir un video a YouTube, puedes tener cualquier noticia en tiempo real. Ya no hay tiempo para pensar cómo contestar – o si contestar – un mensaje: quien te lo ha enviado, me temo, sabe que lo estás leyendo en el momento en que empiezas hacerlo, así que se acabaron –también- las excusas. No tienes tiempo para descansar en un producto, quizás el consumidor te pide que empieces ya a cambiarlo (puro MVP Concept). No tienes tiempo para reflexionar en una noticia porque enseguida llega otra; no tienes tiempo para acomodarte en un trabajo porque apenas empiezas con él ya ha empezado a convertirse en otro… Los avances tecnológicos, los nuevos modos de conectarnos, todo va a ser más rápido que tú. El tiempo ya no descansa en la paciencia.  El tiempo, ahora, es otra cosa porque hemos dejado de tenerlo.

 
Lo único estable es el cambio
 
Lo único que nos queda es el cambio constante que antes no existía. Esos cuarenta años en la misma empresa, esas bodas de oro ya no forman parte de nuestro mundo. Youtuber, almacenador de energía, piloto de drones, diseñador de órganos… las profesiones más demandadas hace veinte años no existían. Lo que los jóvenes estudian en las universidades cambia antes del fin de curso.  A lo mejor la gente empieza a preguntarse de dónde sacas el algodón que estás utilizando y tienes que buscar una tela que proceda de las redes de pesca ahogadas en el mar,  o no les gusta el rojo en las chaquetas y preguntan por el morado en tus tiendas. Puede que ya no se crean lo que estás contando porque saben más que tú; quizás ya sólo quieren oírte en concierto, y no en un disco que hayas grabado (porque ese ya lo encuentran gratis).  Podemos conseguirlo todo, así que todo lo que ofrecemos debe cambiar. 
 
 
La información ya no nos pertenece

Podemos saber qué piensa cualquier consumidor del producto que, hoy mismo, has lanzado al mercado. Sabemos qué buscaba antes de lanzarlo, podemos saber qué buscará mañana, y tenemos claro que todo eso irá cambiando. La información pertenece a todo el que tenga un dispositivo conectado a internet. La globalización del conocimiento: Wikipedia, editada entre todos, Google, con cualquier información que pueda encontrarse, las redes sociales poniéndole voz a todo el que quiera decir algo, WikiLeaks desvelando secretos imposibles. Pasa incluso en el arte: ya no valoramos al artista por la obra que nos pongan delante en el museo, ahora necesitamos saber más, cómo empezó, cómo ha cambiado lo anterior. O con la literatura: ya no aguantamos a ese narrador que todo lo sabe. Ahora quienes todos lo sabemos somos nosotros.

 
 
Así que, ahora, todo descansa en una idea
 
Sin tiempo, sin mayor información que tu consumidor o tu competidor, sin estabilidad, sólo nos quedan las ideas. Una idea es aquello que trasciende el tiempo que se acaba, que está por encima de los cambios porque puede con todos, que puede recordarnos que, en el fondo, hay algo que se nos escapa. Una emoción que identificas, un producto que te pone las cosas más fáciles, algo que te haga pensar que puedes encontrar un orden que parecía imposible. En Comunica+A pensamos que, en un mundo cada vez más complicado, las soluciones deben ser, cada vez, más sencillas. Y es que la idea lo es todo: una nueva pregunta, una respuesta que no estabas buscando, una solución que al final, no parece tan difícil. Cualquier cosa que te ayude con el cambio, cualquier cosa que te haga sentir que estás haciendo algo por el mundo. Por encima de todo, el siglo XXI es el siglo de las ideas, porque son ellas las que llegan al fondo,  ponen un poco de orden y nos hacen recordar que,  al final, siempre podemos desear –y menos mal– algo que ni siquiera sabíamos que existía.